Ese Maldito Yo – Cioran

 

-Según el Zohar, Dios creó al hombre para que permaneciera idéntico a sí mismo, y con ese fin le recomendó la fidelidad al árbol de la vida. Pero el hombre prefirió el otro árbol, el situado en la «región de las variaciones». ¿Su caída? La locura del cambio, fruto de la curiosidad, fuente de todas las desgracias. ‑De esa manera, lo que para nuestro primer antepasado no fue más que un capricho, iba a ser para todos nosotros ley.

 

– Una vez repuestos de una «pasión», volver a entusiasmarse por un ser parece tan inconcebible que resulta imposible imaginar a alguien, ni siquiera a un insecto, que no esté abismado en la decepción.

” Se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. Lo cual equivale a decir que una paliza es mucho más instructiva que una siesta”

– Sólo soy feliz cuando pienso en la renuncia y me preparo a ella. El resto es desabrimiento y agitación. Renunciar no es fácil. Sin embargo, tender a ello simplemente aporta una especie de sosiego. ¿Tender? Pensar únicamente en ello basta para darnos la ilusión de ser otra persona, y esa ilusión es ya una victoria la más halagadora, aunque también la más falaz.

 

“Los dolores de oídos que padecía Swift son en parte la causa de su misantropía.

Si las enfermedades de los demás me interesan tanto, es para hallarme inmediatamente puntos comunes con ellos. A veces tengo la impresión de haber compartido todos los suplicios de aquellos a quienes he admirado”

 

” Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea”

 

Un eminente eclesiástico se burlaba del pecado original. «Ese pecado es su medio de sustento», le dije, «sin él moriría usted de hambre, pues su ministerio no tendría ningún sentido. Si el hombre no está destituido desde su origen, ¿por qué vino el Cristo? ¿Para redimir a quién y qué?» A mis objeciones, no tuvo más respuesta que una sonrisa condescendiente.

Una religión está acabada cuando sólo sus adversarios intentan preservar su integridad.

 

 

 

 

–  «Son los dioses quienes tienen que venir a mí y no yo quien tiene que ir a ellos», respondió Plótino a su discípulo Amelius, que quería llevarle a una ceremonia religiosa.

 

¿En quién, dentro del mundo cristiano, encontraríamos un orgullo de semejante calidad?

 

–  Igual que la aparición del Crucificado dividió la historia en dos, esta noche acaba de dividir en dos mi vida…

 

-Los únicos acontecimientos importantes de una vida son las rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria.

-A un poeta extranjero que, tras haber dudado entre varias capitales, acaba de desembarcar aquí, le digo que ha tenido una magnífica idea, que en esta ciudad particularmente «brillante» existe, entre otras, la ventaja de morirse de hambre sin molestar a nadie. Para animarle aún más, preciso que el fracaso es en ella tan natural que equivale a un oficio. Detalle éste que le satisface plenamente, a juzgar por el resplandor que percibo en sus ojos.

 

Leyendo el texto de Madame Périer, concretamente el pasaje en que cuenta que Pascal, su hermano, a partir de los dieciocho años no había vivido, según su propia confesión, ni un solo día sin sufrir, mi sobrecogimiento fue tal que tuve que morderme el puño para no gritar.

Era en una biblioteca pública. Yo tenía, es útil precisarlo, dieciocho años justamente. ¡Qué presentimiento, pero también qué locura, y qué presunción

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