Los mitos sobre el Bicentenario

Los mitos sobre el Bicentenario

Fecha: Jueves 6 de mayo de 2010

 

Tradicionalmente, la visión liberal del pasado argentino, fundada por Bartolomé Mitre, divulgó que la revolución de mayo fue el acontecimiento que liberó del sojuzgamiento español a una “Argentina preexistente”. En estas jornadas, actuó un grupo de hombres decididos e ilustrados, que “sin derramar una gota de sangre” enfrentaron al virrey, fundando la nación argentina y conquistando “la independencia”. Esta es una historia lineal, donde se ocultan las contradicciones del proceso histórico, porque lo que interesa es la exaltación de algunos “héroes del panteón”, de todo un linaje que integra la oligarquía vencedora que participó de las grandes “gestas nacionales”: la Revolución de Mayo, la derrota de Rosas en Caseros y la fundación en 1880 del Estado nacional. Hoy, aunque parezca anacrónico, hay interesados divulgadores de esta visión de la historia, la nueva “Historia Argentina” editada por el Grupo Clarín es un claro ejemplo.

Pero, a mediados del siglo XX, cuando la “patria oligárquica” y sus mitos estaban desacreditados, surge otra visión del pasado argentino que se autodenominará revisionista. Según esta visión, las elites enaltecidas por los liberales “malograron” la revolución porque desplazaron a las masas populares de los acontecimientos de mayo y luego se subordinaron a Gran Bretaña. Contra el linaje liberal, enaltecerán la figura de Rosas, uno de los mayores estancieros de la época, al plantear que bajo su gobierno se expresaron las “aspiraciones” del pueblo y se conquistó la independencia de Francia y Gran Bretaña. Por supuesto que ninguna de las dos afirmaciones es verdaderas.

El gobierno de los Kirchner intenta reflotar los mitos históricos de la interpretación revisionista, sumando algunas de las viejas apologías de la historia liberal. Así, junto a la reivindicación de los “héroes del panteón nacional”, se anuncia que el gobierno quiere hacer un festejo del bicentenario “más plural e inclusivo”. Para ello suma a los gobernadores del interior, reeditando una añoranza por el “federalismo” en oposición a la hegemonía de Buenos Aires, intentando ocultar el centralismo porteño que todavía domina a la nación. Por otro lado, el discurso oficial se encarga de difundir que el pueblo participó de las jornadas de mayo acompañando a los dirigentes de la revolución, buscando fortalecer la consigna de la “unidad nacional” en donde por primera vez en la historia explotadores y explotados estuvieron unidos.

Pero ni la visión tradicional liberal ni esta “nueva” versión revisionista explican qué fue la Revolución de Mayo. Muchos de los “mitos” sobre el pasado argentino, aunque sus voceros sean diferentes, siguen en pie. Si hoy escuchamos un discurso poco claro es porque a diferencia de cuando se festejaba el Centenario, momento en el cual la oligarquía se consideraba “fuerte y gloriosa”, hoy nos encontramos con una clase dominante en crisis y sin legitimidad, que se expresa en la polarización entre el kirchnerismo y la multifacética oposición. Es que la historia no es imparcial, la mirada sobre el pasado depende de quién lo haga. Las versiones sobre la historia nacional que tanto se difunden y conocemos, más allá de sus matices, no han escapado al intento de legitimar el poder de la clase dominante. Por eso los trabajadores/as debemos criticar esta visión del pasado y adoptar la nuestra.


por Lucía Feijoo y Florencia Grossi

1 ¿Qué fue la Revolución de Mayo?

Como intentaremos explicar en esta serie de artículos, la Revolución de Mayo fue el intento de los criollos de conquistar un poder político propio. Esta búsqueda de autonomía política fue negada por la corona española, desencadenando una lucha militar y social, la conocida “revolución de independencia” que se transformó en una guerra anticolonial. Sin embargo, las jornadas de la semana de mayo no tuvieron un protagonismo popular. Durante las jornadas se intentó mantener las jerarquías sociales existentes en el mundo colonial. Los protagonistas no eran otros que los “vecinos”, criollos que pertenecían a lo más encumbrado de la sociedad, hacendados, comerciantes, abogados, funcionarios. Los sectores explotados y oprimidos no eran parte de lo que se denominaba en la época como “pueblo”. Por ello, no es más que un mito la interpretación de la revolución como un acontecimiento “popular” y “democrático”. Esta visión de manual es la que sostiene Felipe Pigna en Los Mitos cuando dice que en dicho momento histórico “las clases dirigentes y el pueblo” se enfrentaron juntos al “despotismo” español.

Pero cuando la lucha por la autonomía se transforma en una guerra anticolonial, la participación de los explotados y oprimidos de la época es preponderante. Los esclavos, los peones, los indígenas, los pardos, los mestizos intervinieron en el enfrentamiento contra los peninsulares y en el camino lucharon por sus propias demandas, lo que en muchas ocasiones significó un desafío a las clases criollas quienes no dejarán de ser las clases explotadoras de la época.

Además, si bien las “jornadas de mayo” fueron un acontecimiento pacífico, las versiones de la historia oficial se encargaron de ocultar que cuando se agudiza el enfrentamiento contra los peninsulares, la guerra que asolará el continente durante varios años, implicará un alto grado de violencia. Los criollos, al buscar mantener la autonomía conquistada, tendrán que enfrentar la contrarrevolución que organizaran los realistas. Una importante guerra civil, que incluirá la guerra de guerrillas, la intervención de las milicias y de ejércitos regulares, ocupará distintas regiones de América.

2 ¿La Revolución de Mayo funda una “nación”?

En principio sí, pero no inmediatamente. La nación argentina no se funda luego de las jornadas de la “semana de mayo”, y después de muchas décadas la nación que se consolida, no es una nación cualquiera, sino una que será dependiente del capital extranjero. Pero antes de Mayo de 1810 no existía la nacionalidad ni el Estado-Nación argentino. El viejo Virreinato del Río de la Plata, del cual el territorio de la Argentina era parte, incluía otros pueblos y naciones como Paraguay, Uruguay y Bolivia. Los integrantes de este amplio territorio se identificaban, en principio, por dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, por el lugar social y económico que ocupaban no era lo mismo ser parte de la élite criolla, la “gente decente” que no era más que el 5% de la población, que ser parte de las clases explotadas y oprimidas, los esclavos, pardos, indígenas y mestizos, que ocupaban el último lugar en la sociedad. Por otro lado, aunque había una cierta identidad “americana”, lo que primaba como identificación era el lugar en donde se había nacido, la “patria” como se dice, era el terruño; por eso antes que “argentinos” había “cordobeses”, “tucumanos”, “potosinos”, “salteños” u “orientales” (en relación al Uruguay). Los argentinos, para el resto de los habitantes del viejo virreinato, sólo eran los porteños. Por estos dos elementos, entre otros, decimos que es un mito que los “héroes de mayo” hicieron una revolución para liberar de las cadenas a la pre existente nación argentina.

En realidad, décadas después el Estado nacional nacerá como consecuencia del triunfo de una de las fracciones de la clase dominante criolla, la oligarquía porteña y bonaerense, rica propietaria de tierra y sirvienta ejemplar del capital inglés. Esto implicó la derrota y subordinación de otros proyectos estatales y de organización regional en el interior del virreinato. Además, dicho Estado recién se consolidará en 1880, luego de la nefasta incursión argentina en la Guerra contra el Paraguay y de la llamada “Conquista del desierto” comandada por Roca que tuvo como resultado el exterminio de las comunidades originarias de la Patagonia. Un discurso legitimador, en el cual las clases dominantes harán pasar sus intereses particulares como los intereses generales de toda la “nación argentina”, acompañó la consolidación del Estado.

3 ¿Qué tipo de independencia se conquista con la Revolución de Mayo y la guerra anticolonial?

El gobierno sostiene el discurso de “doscientos años de vida independiente”, pero hoy podemos constatar que la Argentina es una nación semicolonial, como gran parte de las naciones sudamericanas, sometida constantemente a la presión del capital extranjero.

Lo que se conquistó luego de la Revolución de Mayo fue la independencia de España; la guerra anticolonial permitió romper las cadenas que nos sujetaban al decadente imperio. Pero rotas estas cadenas se van forjando otras, las que ataron económicamente a estos territorios con el capital inglés. Es que luego de conquistada la independencia de España, las fracciones de las clases dominantes criolla no tuvieron ningún proyecto que implicara dejar de estar subordinados a los designios de la metrópoli británica. Lo que primó fueron sus intereses inmediatos, las enormes ganancias que obtenían los hacendados exportadores. Durante estos dos siglos, las clases dominantes han establecido y preservado un verdadero pacto neocolonial. En este sentido, el gobierno de los Kirchner no innova nada en este terreno.


Desmitificar la historia oficial nos permite entender que el relato sobre la revolución de mayo tiene el fin de convencer a los trabajadores/as de que sus intereses son “comunes” a los de las clases dominantes, de que hay una “identidad nacional” forjada desde los inicios de la “patria” que nos pertenece a todos los “argentinos”.

Pero hay un interés mayor por la historia para los trabajadores/as. Los explotados de hoy tienen sus antepasados, conocer sus experiencias y sacrificios es un deber, y a la vez un derecho, para construir mejores herramientas de lucha. Como planteaba el marxista italiano Antonio Gramsci: “si es verdad que la historia universal es una cadena de los esfuerzos que ha hecho el hombre por liberarse de los privilegios, de los prejuicios y de las idolatrías, no se comprende por qué el proletariado, que quiere añadir otro eslabón a esa cadena, no ha de saber cómo, y por qué y por quién ha sido precedido, y qué provecho puede conseguir de ese saber” 1.

En esta serie de artículos intentaremos “peinar a contrapelo la historia”, buscando comprender los acontecimientos de aquella época y, sobre todo, develar la participación de los explotados y oprimidos en la historia, sin los cuales no es posible conocer el pasado ni pensar el futuro.

1 Gramsci, Antonio. “Socialismo y Cultura”, 1916

 
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