“La derecha nunca se equivoca con sus odios”(José Pablo Feinmann)

Gracias Maestro por tanta claridad, es un poco largo pero merece ser leído y en celeste voy a resaltar las partes que me han resultado más interesantes

 
 
“La derecha nunca se equivoca con sus odios y este odio es muy profundo”


Por Néstor Leone José Pablo Feinmann, filósofo y escritor, presenta su libro sobre el peronismo y analiza las continuidades y rupturas del movimiento en 65 años de historia

Casi ochocientas páginas tiene este primer tomo, el que presenta por estos días. Otras ochocientas tendrá el próximo, de pronta aparición. Así de voluminoso, así de desmedido, así de inabarcable es el megaensayo sobre el peronismo de José Pablo Feinmann. Escrito en diferentes registros, con géneros que se entrecruzan y mucho derroche de buena pluma, osadía, emoción y compromiso con su objeto de estudio, Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina promete convertirse prontamente en una obra imprescindible sobre el movimiento político que marcó como ningún otro a la Argentina de las últimas décadas. En esta entrevista, Feinmann analiza los puntos medulares del libro y hace un ida y vuelta permanente con la vida política de estos días.

¿Cuáles son las grandes continuidades del peronismo que nos permiten, 65 años después, seguir hablando de lo mismo?
Hay continuidades, pero no hay una gran continuidad. Porque la continuidad del primer peronismo la quiebra el mismo Perón. Diría, entonces, que el aparato político, su maquinaria electoral, su vocación de poder, y no mucho más. Eso como primera definición. En ese sentido, el fenómeno que introduce el kirchnerismo es recuperar una parte muy valiosa de la identidad peronista. Por eso hay tanto odio, hay tanta furia de los sectores más tradicionales de la derecha argentina. Porque el gobierno Kirchner recupera para el peronismo la insolencia contra el verdadero poder del país, o sea, contra los sectores más concentrados.
Y como dice en el libro, la derecha nunca se equivoca con sus odios.
Exacto. De ahí que me asombre que algunos tipos que se dicen izquierdistas estén vacilando en un momento dramático como éste, porque es tanto lo que está odiando la derecha a este gobierno que debería aclarar la sesera de algunos. La derecha no se equivoca con sus odios, claro, y este odio es muy profundo. Hay tipos que vos notás que están realmente obsesionados, que están padeciendo una enfermedad de odio. Están pensando nada más que en eso. Y cuando se está pensando sólo en una cosa no se está pensando en la totalidad. Pienso en Joaquín Morales Solá, por ejemplo. Ha dejado de ser creíble, incluso para los suyos. Tiene una carga de emocionalidad casi violenta en la crítica que pierde credibilidad, pero también satura. De ahí que la prensa opositora esté sufriendo un efecto paradojal: satura al lector con una novedad que nunca se produce. Se repite siempre la misma noticia, que consiste en decir que este gobierno es una porquería, que es populista, que es antidemocrático, que hay que tirarlo. Siempre dicen lo mismo. Entonces, el lector dice “cuándo habrá una nueva noticia, porque todos los días leo la misma”. Y ahí se produce ese efecto paradojal de saturación.
¿Estamos en ese estadio?
Estamos ahí. Les estoy dando una mano a los diarios más concentrados del poder: muchachos, tienen que ir por otros lados si quieren ser efectivos.
¿Cómo explicar ese odio en términos más racionales? ¿Es la larga agonía de la Argentina peronista que se revierte?

Claro. Quizá digan “con todo lo que nos costó desarmar el dispositivo populista del Estado benefactor, ¿ahora nos vienen a hacer esto?” Cuando Tulio Halperin Donghi escribió ese libro (ndr: La larga agonía de la Argentina peronista) lo que hace es contar cómo el Estado peronista e intervencionista ha sido desmantelado. El sindicalismo tenía cada vez menos injerencia y la clase obrera peronista había sido tan empobrecida que casi desapareció. En consecuencia, lo que Tulio casi festeja es que la agonía de la Argentina peronista se haya verificado finalmente, para gran alegría de todos los antiperonistas. Pero, oh sorpresa, y esto es lo notable del peronismo y que el kirchnerismo aporta, lo que estaba en agonía de pronto revive y aparece un Estado intervencionista que recupera la plata de las AFJP, interviene en el mercado, que comienza con planes de ayuda para los desheredados, que empieza a juzgar a los desaparecedores de la dictadura…
Y construye un nuevo relato histórico.
Con un nuevo relato, claro. Y con obras, con las Madres, con las Abuelas. No sé si lo sabe la gente, pero un personaje que la derecha odia tanto, como Hebe de Bonafini, está construyendo barrios, caramba. Barrios está construyendo. En la ex ESMA, por ejemplo, está funcionando el Centro Cultural Haroldo Conti, al que vino el juez (Baltasar) Garzón a dar conferencias. Es un gran honor para nosotros. Garzón vino a la Argentina porque Cristina Fernández, cuando estuvo en España, se jugó por él. La dimensión de esto no fue considerada en el país, porque los diarios hegemónicos no le dieron importancia. Sólo salió en la tapa de Página/12.
¿Dónde reside, entonces, la herejía del kirchnerismo?
La herejía del kirchnerismo reside, esencialmente, en estar recuperando lo más agresivo del primer peronismo contra los sectores de poder. Algunos vienen con cifras y dicen que la brecha entre ricos y pobres creció más que nunca, pero eso es poco probable y muy poco creíble. También es cierto que cuando se defiende un proceso popular, que sabés que es infinitamente superior a lo que tiene enfrente, y te dicen que la principal figura de ese proceso se compró un hotel de dos millones de dólares, te quedás un poco en pelotas.
Frente a eso, ¿qué responde?
No sé a qué apelar. Digo que los demás roban el doble, pero si digo eso estoy aceptando que está bien robar algo. Tampoco sé si se lo compró con plata robada o no, pero es mucha guita dos millones de dólares. Además, nunca hay respuestas oficiales. Comprendo que una pareja como Néstor y Cristina tengan que tener mucha guita porque están en un lugar muy difícil y que a Perón y a Evita los acusaban de lo mismo… Es una chicana fácil, pero efectiva, porque uno se queda sin respuestas.
¿Cree que el kirchnerismo está en el límite de lo disruptivo o de lo tolerable que esta sociedad acepta?
Evidentemente, pero el kirchnerismo no sé si se hace esa pregunta, porque avanza. Si te preguntás si estás en el límite de lo disruptivo te quedás en el molde porque nunca sabés cuál es ese límite. Ese límite se estuvo por quebrar con lo de la 125. Incluso, si (Julio) Cobos no hubiera largado ese voto no positivo, vaya a saber lo que hubiera pasado esa noche, porque estaban todos armados hasta los dientes. Estos tipos están armados, tienen tractores, camiones y tienen armas.
Quizá una de las virtudes de este proceso haya sido correr la línea de lo posible.
Claro, la ha sabido correr y la sigue corriendo. A dos días de perder la elección del 28 de junio, sé por amigos que Kirchner dijo “vamos por todo”. Y ahí se lanzaron a una iniciativa política espectacular que no para, encabezada por Cristina, personaje del que hay que hablar necesariamente. Que tiene el rescate de los goles, la Ley de Medios o la de Matrimonio Igualitario…
Con las que los Kirchner amplían sus alianzas.
Las amplía, claro. Y hay otra cosa que no se sabe lo suficiente, todavía. Lo puedo ver cuando recorro el interior, dando conferencias. Me refiero a las ganas de militar que todo esto despertó en muchos jóvenes. Está volviendo la militancia juvenil, carajo. Esto es muy alentador. Hay una recuperación de la política como elemento territorial. Lo que veo es que se vuelven a ocupar espacios con la militancia. Esto es algo que se hizo en los setenta y que el kirchnerismo había desechado muy profundamente, por hacer política de aparatos o con los medios. Eso fue un disparate total, que al final salió muy mal. Pero, claro, está el poder mediático, que excede a la Argentina. Es mundial. Filosofía y el barro de la historia, precisamente, tiene por subtítulo “del sujeto cartesiano al poder bélico-comunicacional”. Es decir, la guerra se hace a través de lo comunicacional. Y en América Latina lo estamos notando. Lo mediático tiene un enorme poder, porque coloniza las conciencias. Sujeta al sujeto, como dice Michael Foulcault. Y al sujetarlo, lo aniquila. Todo eso, con la ideología de los medios, que es totalmente opuesta a la que maneja el Gobierno. Lo más tramposo es que quieran identificar al Gobierno con el poder. El poder no está en Balcarce 50, que nadie se haga el distraído. El poder está en otro lado. En Balcarce 50 hay un gobierno.
En estos últimos tiempos, quizá, se haya corrido un poco el velo. No lo necesario, seguramente.
Sí, la gente se está avivando. ¿De qué? Primero, de la gobernabilidad. Creo que se está asustando y dice “caramba, esta gente que yo odio tanto hace siete años que está llevando el país adelante”. En vacaciones se agotan los hoteles, hay récord de ventas de automóviles, están los restaurantes llenos… Entonces, esta clase media dice “quién me puede garantizar esto, ¿la buena gente, institucional y republicana, que está enfrente del Gobierno?”. Claro que no.
¿Cuánto puede pesar eso en la consideración final y cuánto esa especie de rechazo visceral?
Es difícil saberlo hoy. Pero discursos como el del otro día de Hugo Biolcati, en la Rural, ayudan. “Somos los mejores, somos la tierra”, dicen. Habría que preguntarse por qué son la tierra, quién se las dio. De la tierra se apoderaron. La tierra no nació en manos de ellos, sino que la obtienen de la aniquilación de los pueblos originarios. Los hombres pasan y la tierra permanece, pero al ser ellos sus dueños, no pasan. Hay una frase maravillosa, en el guión de la película Ay, Juancito, que no es mía, donde el hermano de Evita le dice a Elina Colomer: “¿No seré un oligarca?”. Y ella le contesta: “No, vos nunca vas a ser un oligarca. Las tierras no se compran, se heredan”. Ésa es la esencia de la oligarquía.
¿Es posible leer ese discurso en clave civilización-barbarie?
Por supuesto. Hay una revitalización de eso, que está siempre presente. Lo de Sarmiento fue genial. Si se le preguntara a Barack Obama o a cualquier soldado norteamericano sobre lo que hacen en Irak, diría que está defendiendo la democracia, a Occidente, a la civilización. La lucha es presentada siempre entre la razón occidental y la barbarie ajena a esa razón, y es una lucha que continúa desde el descubrimiento de América. La razón histórica es conquistar los territorios bárbaros y hacerlos entrar en la racionalidad occidental. Si no entran, los aniquilan.
Siempre recuerda la frase de Miguel Cané, aquella que instaba a sus congéneres a “cerrar el círculo y velar sobre él”. ¿Cómo se procesa hoy, teniendo en cuenta ese discurso y el odio de algunos sectores de la sociedad? Ese discurso fue eso, cerremos el círculo y velemos sobre él. Lo curioso es que Biolcati es un tano. No es Luciano Miguens. Biolcati es un tano y se ve que es un tano bastante ordinario. Pero está ahí, al frente del círculo, que es siempre el mismo. Es el de Cané, es el del patriciado, es el de la oligarquía, es el de los dueños de la tierra. Ellos se sienten naturalmente los dueños de la Argentina. Y los demás somos bárbaros.
De todos modos, ¿no parece el enemigo perfecto para Kirchner?
Biolcati le hace un gran favor a Kirchner. Un favor que se complementa con la presencia de Duhalde. En la Rural, estaba a un metro o dos de Biolcati. Duhalde es un tipo que se ha ubicado, desde que reapareció, en la extrema derecha. No el que hizo la transición con Roberto Lavagna, sino éste. Se ha ubicado en la extrema derecha y juega a parar los juicios por los crímenes de lesa humanidad, a defender a los militares, a defender a la Sociedad Rural y, si lo dejaran hablar un poco más, a la dictadura. Lo suyo, extrañamente o no, es un ataque al Estado keynesiano y populista. ¿Con quién lo piensa hacer? Supongo que con personajes como ese señor al que le presentó un libro hace poco.
¿Se refiere al Tata Yofre?
No nombro a ciertos personajes, puede hacerlo usted. Que le haya presentado el libro y que el libro sea ése (ndr: El escarmiento) es toda una definición. Duhalde jamás le hubiera dado la mano a Garzón, ni lo hubiese respaldado públicamente, como hizo Cristina.
El domingo 1º, en Página/12, cerraba su nota diciendo que, en las elecciones de 2011, y al margen de las caras visibles que se presenten como “candidatos”, habrá que elegir entre Kirchner o Duhalde. ¿Es tan así?Es así. Aquí los refinados gorilas de la derecha que escriben en el diario que sigue los postulados austeros y republicanos del general Bartolomé Mitre ya están pensando que, pese a todo su gorilismo, van a tener que votar por Duhalde en las próximas elecciones. O por quien Duhalde ponga, que es lo mismo. Lo cierto es que el aparato justicialista dominado por Duhalde va a poner a alguien y ese alguien va a nuclear a la oposición. Del otro lado, va a estar el aparato justicialista que domina Kirchner, que va a intentar frenar eso que viene con Duhalde.
Si triunfa esa otra opción, ¿tendremos otro peronismo, diferente a los otros? Tendríamos una reconfiguración hacia un peronismo temible, que hunde sus raíces en los peores aspectos del autoritarismo del primer gobierno de Perón sin ninguno de sus beneficios, pero que no creo que tenga hoy el espacio político para concretarse. De darse, esperemos que no recurra a modalidades del tercer Perón. Es que el peronismo de derechas es muy peligroso. Esto no es ninguna broma.
Le cito nombres: Carlos Reutemann, Francisco de Narváez, Felipe Solá. Ellos también se reconocen peronistas. Hasta Jorge Bergoglio, quien en su momento adhirió a Guardia de Hierro. Esa gente no se sabe adónde va a recalar. Porque eso es el peronismo, también. Reutemann o Solá pueden estar acá o allá. Pueden estar con Duhalde o con Kirchner, depende de dónde negocien.
¿Dónde ubica a Pino Solanas? Viejas resonancias peronistas, críticas feroces al actual gobierno. Voy a tratar de ser suave. La trayectoria histórica de Pino la conocemos, La hora de los hornos, Los hijos de Fierro, Actualización política y doctrinaria para la toma del poder, después lo pierdo. No lo recuerdo en 1973, en 1974. No sé dónde estuvo. Ahora, el Pino de hoy es el típico personaje que se pone a la izquierda de todo. No es Martín Sabbatella, a quien prefiero. Sabbatella tiene un perfil más bajo, no pretende ser la especie de vendaval histórico que pretende ser Pino. Se tiene que dar cuenta de que, en las próximas elecciones, tienen que unirse todos los que estén en contra de la derecha que representan Duhalde y la Sociedad Rural. Por lo menos, tácticamente. Si no se da cuenta de eso, lo mejor que puedo pensar de él es que es un tonto. Y lo peor que puedo pensar de él es que se ha vuelto un jodido.
 
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