Las intermitencia de la muerte – Fragmentos III

Sobre su máquina de depurar fracasos decía: “ en determinados momentos esas ganas de escribir cesan, muchas veces por un cansancio mismo, otras veces porque uno deja de creer en utopías y se da cuenta que escribiendo uno no cambia nada. De todas maneras esos momentos son los en que se hace imprescindible no dejar de escribir, aunque sean infames borradores, la cuestión es no dejar de escribir…”

 

 

Tal vez para empezar a escribir hay que plagiar a otros, tal vez citando a otros la cosa ayude un poco

 

Les dejo más  fragmentos del libro Las intermitencias de la muerte de José Saramago

 

(…)Decíamos, que ya mayores bajezas morales no serán posible. Desgraciadamente, cuando… el pragmatismo toma la batuta y dirige el concierto…lo más seguro es que la lógica imperativa de la villanería acabe por demostrando, a la postre, que todavía quedaban unos cuantos escalones que bajar.(…)

(…)dividido como estaba entre la vanalidad de saberse único en todo el planeta y el desasosiego de no ser como todo el mundo.(…)(pag 109)

 

(…)Morir es, a fin de cuentas, lo más normal y corriente que hay en la vida, asunto de pura rutina.(…)

 

(…)A decir verdad, nosotros, los humanos, no podemos hacer mucho más que sacarle la lengua al verdugo que nos va a cortar la cabeza.(…)

 

(…)-Habla con usted es lo mismo que haber caído en un laberinto sin puertas
– Ésa sí que es una excelente definición de la vida
– Usted no es la vida
– Soy mucho menos complicada que ella.(…)

 

La parte de la carta de la muerte, es excelente, lastimosamente es bastante extensa y no la encuentro en ningun sitio…pero si encontre un texto resaltando los fragmentos sobre el análisis grafológico de la misma

“El sobre se encontraba en la mesa del director general de la televisión cuando la secretaria entró en el despacho. Era de color violeta, luego fuera de lo común, y el papel, de tipo gofrado, imitaba la textura del lino. Parecía antiguo y daba la impresión de que ya había sido utilizado antes. No tenía ninguna dirección, tanto de remitente, lo que a veces sucede, como de destinatario…”

…….

“…A partir de la medianoche de hoy, se comenzará a morir tal y como sucedía, todos los que tenían que haber muerto desde el primero de enero a la fecha, morirían al primer segundo del día siguiente. La carta estaba firmada por “la muerte”.
…….

”El primer ministro tomó la hoja de papel, le pasó los ojos sin leerla y dijo: Es curioso, la letra inicial de la firma debería ser mayúscula, y es minúscula. También a mí me pareció raro, escribir un nombre con minúscula es anormal…”
……..

“…un escéptico protestaba que no había memoria de que la muerte hubiera escrito jamás una carta y que era necesario hacerle con urgencia el análisis de la caligrafía porque, decía, una mano compuesta de trochos de huesos nunca podría escribir de la misma manera que lo hubiera hecho una mano completa, auténtica, viva, con sangre, venas, nervios, tendones, piel y carne, y que si era cierto que los huesos no dejan impresiones…”
…..

“De entrada, la caligrafía, dijo, es extrañamente irregular, parece que se han reunido todos los modos conocidos, posibles y aberrantes de trazar las letras del alfabeto latino, como si cada una hubiese sido escrita por una persona diferente, pero eso todavía podría perdonarse, todavía podría ser considerado como un defecto menor ante el espectáculo de la sintaxis caótica, la ausencia de puntos finales, del no uso de paréntesis absolutamente necesarios, de la eliminación obsesiva de los puntos y aparte, de las comas a voleo y, pecado sin perdón, de la intencionada y casi diabólica abolición de la letra mayúscula, que, fíjense, llega a ser omitida en la propia firma de la carta y sustituida por la minúscula correspondiente…”
…..

“…Todos los periódicos, sin excepción, publicaban en primera página el manuscrito de la muerte, pero uno, para hacer más fácil la lectura, reprodujo el texto en un recuadro con letra de cuerpo catorce, corrigió la puntuación y la sintaxis, concordó las declinaciones verbales, puso las mayúsculas donde faltaban, sin olvidar la firma final, que pasó de muerte a Muerte, una diferencia inapreciable para el oído, pero que provocará ese mismo día una indignada protesta de la autora de la misiva, también por escrito y en el mismo papel color violeta…”
…..

“En la tarde de ese mismo día, como ya anticipamos, llegó a la redacción del periódico una carta de la muerte exigiendo, con los términos más enérgicos, la inmediata rectificación de su nombre, Señor director, escribía, yo no soy la Muerte, soy simplemente la muerte, la Muerte es algo que ni por sombra les puede pasar por la cabeza qué es, ustedes, los seres humanos, sólo conocen, tome nota el gramático de que yo también lo sabría por ustedes, los seres humanos, sólo conocen esta pequeña muerte cotidiana que soy, esta que hasta en los peores desastres es incapaz de impedir que la vida continúe, un día llegarán a saber qué es la Muerte con letra mayúscula, en ese momento, si ella, improbablemente, les diese tiempo para eso, comprenderían la diferencia real que existe entre lo relativo y lo absoluto, entre lo lleno y lo vacío, entre el ser todavía y el no ser ya, y cuando hablo de diferencia real me refiero a algo que las palabras jamás podrán expresar, relativo, absoluto, lleno, vacío, ser todavía, no ser ya, qué es esto, señor director, porque las palabras, si no lo sabe, se mueven mucho, cambian de un día a otro, son inestables como sombras, sombras ellas mismas, que tanto están como dejan de estar, pompas de jabón, caracolas que apenas dejan oír la respiración, troncos cortados, ahí le dejo la información, es gratuita, no cobro nada por ella, entre tanto preocúpese en explicarles bien a sus lectores los cómos y los porqués de la vida y de la muerte, y ya puestos, regresando al objetivo de esta carta, escrita, tal como la que fue leída en la televisión, de mi puño y letra, lo invito instantemente a cumplir las honradas disposiciones de la ley de prensa que manda rectificar en el mismo lugar y con la misma valorización gráfica el error, la omisión o el lapso cometidos, arriesgándose en este caso usted, si esta carta no es publicada en su integridad, a que yo le despache, mañana mismo, con efectos inmediatos, el aviso previo que no tengo reservado para usted hasta dentro de algunos años, no le diré cuántos para no amargarle el resto de la vida, sin otro asunto, se suscribe con la atención debida, muerte.

La carta apareció puntualísima al día siguiente con rebosadas disculpas del director y también en duplicado, es decir, manuscrita y en letra de imprenta, cuerpo catorce y recuadrada. Sólo cuando el periódico salió a la calle el director se atrevió a salir del bunker en que se había encerrado con siete llaves desde el momento en que leyó la conminatoria carta. Y tan asustado estaba todavía que se negó a publicar el estudio grafológico que un importante especialista en la materia le entregó personalmente. Ya basta con los problemas que me he causado por la firma de la muerte con mayúscula, dijo, lleve su análisis a otro periódico, dividimos el mal entre las aldeas y a partir de aquí que sea lo que Dios quiera, todo menos tener que sufrir otro susto como el que he pasado.

El grafólogo fue a un periódico, fue a otro, y a otro, y sólo en el cuarto, a punto de perder las esperanzas, consiguió que le recibieran el fruto de las no pocas horas de laberíntico trabajo a que, con lupa diurna y nocturna, se había dedicado. El sustancioso y suculento informe comenzaba recordando que la interpretación de la escritura, en sus orígenes, era una de las ramas de la fisiognomía, siendo las otras, para información de quien no esté a la par de esta ciencia exacta, la mímica, los gestos, la pantomima y la fonognomonia, tras lo cual sacó a colación a las mayores autoridades en la compleja materia, como fueron, cada una en su tiempo y lugar, camillo baldi, johann caspar lavater, édouard auguste patrice hocquart, adolf henze, jean-hippolyte michon, william thierry preyer, cesare lombroso, jules crépieux-jamin, rudolf pophal, ludwig klages, wilhelm helmuth müller, alice enskat, roben heiss, gracias a quienes la grafología había sido reestructurada en su aspecto psicológico, demostrándose la ambivalencia de las particularidades grafológicas y la necesidad de concebir su expresión como un conjunto, dado que, una vez expuestos los datos históricos y esenciales de la cuestión, nuestro grafólogo avanzó por el campo de la definición exhaustiva de las características principales de la escritura sub judice, a saber, el tamaño, la presión, el ajuste, la disposición en el espacio, los ángulos, la puntuación, la proporción entre trazos altos y bajos de las letras, o, dicho con otras palabras, la intensidad, la forma, la inclinación, la dirección y la continuidad de los signos gráficos, y, finalmente, habiendo dejado claro el hecho de que el objetivo de su estudio no era un diagnóstico clínico, ni un análisis del carácter, ni un examen de aptitud profesional, el especialista concentró su atención en las evidentes muestras relacionadas con el foro criminológico que la escritura iba revelando a cada paso.
No obstante, escribía frustrado y pesaroso, me encuentro ante una contradicción que no veo ninguna forma de solucionar, que incluso dudo que tenga resolución posible, y es que si es cierto que todos los vectores del metódico y minucioso análisis grafológico a que he procedido apuntan a que la autora del escrito es eso que se llama una serial killer, una asesina en serie, otra verdad igualmente irrefragable, igualmente resultante de mi examen y que de algún modo desbarata la tesis anterior, ha acabado imponiéndose, o sea, la verdad de que la persona que escribió esta carta está muerta.

Así era, de hecho, la propia muerte no tuvo más remedio que confirmarlo, Tiene razón el señor grafólogo, fueron sus palabras después de leer la erudita demostración. Pero no se entendía cómo, si estaba muerta, y hecha toda de huesos, era capaz de matar. Y, sobre todo, que escribiera cartas. Esos misterios nunca serán aclarados”.

 

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