Ulises Lima o Leer en la ducha

Cristián Warnken: ¿Quién es Ulises?

Roberto Bolaño: Ulises Lima era mi amigo. Murió, era magnífico.

CW: Háblame un poco de él

RB: Ulises Lima era mi amigo Mario Santiago. Fue mi mejor amigo, mi mejor amigo, de lejos. Poeta mexicano, un ser extrañísimo. En realidad Mario Santiago parecía haber bajado de un ovni hace un par de días. Era un lector empedernido que tenía cosas tan extrañas, como meterse en la ducha y seguir leyendo. Se metía en la ducha y con la mano mantenía el libro así, con la mano tendida. Lo peor es que eran mis libros. Yo siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. Yo me decía “es que ha llovido en México”. México es muy grande y puede llover en una zona de la ciudad y en otra no, es raro pero se puede dar ese caso, realmente un fenómeno curioso de la naturaleza. Hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha y yo lo que tenia que haber hecho era ponerme de rodillas a rezar por el milagro que había presenciado… pero no lo hice, mas bien lo reté. Mario era un personaje fantástico. No tenía ninguna disciplina. Recuerdo que para ganar dinero trabajamos en diversas revistas mexicanas y era yo el que escribía sus crónicas, él hacia el borrador, yo lo reescribía y luego tenia que escribir la mía.

CW:– O sea era poeta, poeta.

RB: Él era un poeta, poeta, un personaje fantástico, muy valiente.

CW: – ¿Recuerdas algún verso suyo?

RB: “Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio”, que es un apuesta total.

(…)

CW: ¿Es posible habitar poéticamente aún hoy, así, un poco la idea que plantean los románticos, recuerdas? ¿Se puede todavía hoy habitar poéticamente?

RB: Se puede, pero no es recomendable. Yo no quisiera que mi hijo, si mi hijo fuera un día escritor, no quisiera que mi hijo optara por vivir sin timón y en el delirio, porque nadie quiere ver a un ser querido sufriendo. Pero, por otro lado, es inevitable, hay escritores que tienden hacia eso. A veces en demérito de su propia escritura porque la lucidez, y de nuevo, el sentido común, son necesarios, son muy necesarios.

CW: Vuelvo a la pregunta anterior, tus novelas están pobladas de personajes que han perdido el timón, que viven en el delirio, de una u otra manera. Desde los escritores nazis que…

RB: Sí, pero los escritores de la literatura nazi no es más que una metáfora del oficio de escritor, de la literatura que es un oficio, a mi modo de ver, bastante miserable practicado por gente que está convencida de que es un oficio magnífico. Y ahí hay una paradoja bestial. Es un equívoco como si alguien ve a una persona muerta con cuatro balazos en la cabeza y diez balazos en la espalda y un cartel que dice: “te maté por sonso”. Lo ve y dice: “uy, sufrió un accidente”. Es así el equívoco, no sé cómo no se dan cuenta. El oficio de escribir es un oficio poblado de canallas, es algo que más o menos todo mundo lo intuye, pero además es un oficio que está poblado de tontos que no se dan cuenta de la fragilidad inmensa, de lo efímero que es. Es decir, yo puedo estar con 20 escritores de mi generación y todos están convencidos de que son buenísimos y de que van a perdurar. Esa es una ignorancia, aparte de un acto de soberbia enorme, es una ignorancia bestial, porque se les puede preguntar: “a ver, si sabes o has leído, o tienes una ligera idea de la historia de la literatura, ¿cuántos escritores latinoamericanos sobreviven de las letras de 1870 a 1880? Nómbrame a 20 y no hablo de un país, hablo de un continente”.

CW: A un poeta menor.

RB: Es un poema muy bueno

CW: “¿Dónde está la memoria de los días/ que fueron tuyos en la tierra, y tejieron/ dicha y dolor y fueron para ti el universo?/ El río numerable de los años/ los ha perdido; eres una palabra en un índice”.

RB: Bueno, pero Borges se está refiriendo a los poetas menores de la antología y reza que son poetas menores que perduran. Los poetas menores de la antología están ahí y son buenísimos. De alguna manera los poetas encarnan parte de la locura cotidiana, yo en ellos no veo figuras, veo seres humanos; veo los trabajos de los seres humanos, las locuras y veo también la nobleza.

Entrevista a Roberto Bolaño por Cristián Warnken

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