libertad(por Fernando Pessoa)

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La libertad es la posibilidad del aislamiento. Eres libre si puedes alejarte de los hombres, sin que te obligue a buscarlos la necesidad de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, que en el silencio y en la soledad no pueden encontrar alimento. Si te es imposible vivir solo, naciste esclavo. Pueden ser tuyas todas las excelencias del espíritu, todas las del alma: serás un esclavo noble o un siervo inteligente, pero no serás libre. Y no está de tu lado la dignidad de la tragedia, porque la tragedia de que hayas nacido así no te pertenece sino que pertenece al Destino solamente. Ay de ti, sin embargo, si la opresión de la vida, en sí misma, te fuerza a ser esclavo. Ay de ti, si, habiendo nacido liberto, capaz de bastarte y de aislarte, te ves forzado por la penuria a convivir. Esa tragedia sí será tuya, pues la traes contigo.

Nacer liberto es la mayor grandeza del hombre, la que hace del ermitaño humilde alguien superior a los reyes, e incluso a los dioses, que se bastan por su fuerza, pero no mediante el desprecio de esa fuerza.

La muerte es una liberación porque morir es no necesitar de otro. El pobre esclavo, se ve liberado a la fuerza de sus placeres, de sus pesares, de su vida deseada y constante. Se ve libre el rey de sus dominios, que no quería dejar. Las que distribuyeron amor se ven libres de los triunfos que adoran. Los que vencieron se ven libres de las victorias en las que sus vidas encontraron un destino.

Por eso la muerte ennoblece, viste de galas desconocidas el pobre cuerpo absurdo. Es que allí hay un liberto, aunque no lo quisiese ser. Es que allí no hay un esclavo, aunque él, llorando, perdiese la servidumbre. Como un rey cuya mayor pompa es su nombre de rey, y que puede resultar risible como hombre, pero como rey es superior, de igual modo el muerto puede ser informe, pero es superior, porque la muerte lo liberó.

Cierro cansado, las hojas de mi ventana, excluyo el mundo y, por un momento, encuentro la libertad. Mañana volveré a ser esclavo; ahora, empero, solo, sin necesidad de nadie, receloso apenas de que alguna voz o presencia venga a interrumpirme, tengo mi pequeña libertad, mis momentos de excelsis.
En la silla en la que me recuesto, olvido la vida que me oprime. No me duele sino el que me haya dolido.

 

Libro: El libro del desasosiego

Autor: Fernando Pessoa (como Bernardo Soares)

Traducción: Santiago Kovadloff

 

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