La violencia: una forma desmesurada de la estupidez humana(por Fernando Pessoa)

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Todo el día, en toda su desolación de nubes leves y tibias, fue copado por las informaciones de que había revolución. Estas noticias, falsas o ciertas, me llenan siempre de una incomodidad especial, mixta de desdén y de náusea física. Me duele en la inteligencia que alguien altere algo agitándose. La violencia, sea cual fuere, fue siempre para mí una forma desmesurada de la estupidez humana. Por lo demás, todos los revolucionarios son estúpidos, como, en menor grado, puesto que resultan menos incódomos, lo son todos los reformadores.
Revolucionario o reformador – el error es el mismo. Impotente para dominar y reformar su propia actitud con la vida, que es todo, o su propio ser, que  es casi todo, el hombre huye queriendo modificar a los otros y al mundo externo. Todo revolucionario, todo reformador, es un evadido. Combatir es no ser capaz de combatirse. Reformar es no tener enmienda posible.
El hombre  de sensibilidad justa y recta razón, si se encuentra preocupado con el mal y la injusticia, busca naturalmente contrarrestarla, ante todo en aquello en que ella más cerca se manifiesta; y encontrará eso en su propio ser. Esa obra le insumirá toda su vida.
Todo ,para nosotros, radica en nuestro concepto del mundo; modificar nuestro concepto del mundo equivale a  modificar nuestro concepto del mundo para nosotros,o sea, a modificar el mundo lisa y llanamente, pues el nunca será, para nosotros, sino lo que es para nosotros. Aquella justicia íntima por la cual escribimos una página fluida y bella,aquella reforma verdadera, por la cual infundimos vida a nuestra sensibilidad muerta – esas cosas son la verdad, nuestra verdad, la única verdad. Lo demás en el mundo es paisaje, marcos que encuadran sensaciones nuestras, encuadernaciones de lo que pensamos. Y lo es tanto el paisaje colorido de las cosas y de los seres -los campos, las casas, los carteles y las vestimentas-; como el paisaje incoloro de las almas monótonas, subiendo por un  momento a la superficie en palabras viejas y gestos gastados, y volviendo a bajar otra vez al fondo de la estupidez fundamental  de la expresión humana.
¿Revolución? ¿Cambio? Lo que yo de veras quiero, con toda la intimidad de mi alma, es que cesen las nubes átonas que  enjabonan de gris el cielo; lo que yo quiero es ver el azul que comienza a surgir entre ellas, verdad cierta y clara porque nada es ni nada quiere.

Libro: Libro del desasosiego

Autor: Fernando Pesso(como Bernardo Soares)

Traducción: Santiago Kovadloff

Transcrita por mi


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