Esplendor frente al papel(Nacho Vegas por Ruben Santamarta )

A uno de los tipos más prolíficos de la música en español, un autor que genera letras como quien come pipas, le ha costado tres años sacar a la calle (lo hará el lunes) su quinto álbum en solitario. Ni es Bob Dylan ni Leonard Cohen, dos de sus referencias, pero Nacho Vegas no desencajaría en absoluto a su lado. Como ellos, no es ningún prodigio vocal (canta como quien habla o reza), pero sí con un papel y una guitarra cerca. Es uno de los creadores más espléndidos, un inclasificable poeta que habla de lo que ve, lo que le duele, lo que le agita? Son sus letras ejercicios de transparencia vital inéditos que acompaña con sencillez sonora.

Tras dejar Manta Ray hace 10 años, Vegas alimentó sus discos con una imagen oscura. «A veces me agobio cuando conozco a alguien que saca conclusiones sobre mi vida, me han dicho muchas veces que soy un atormentado», se quejaba recientemente. El perfil lo ha acrecentado por sus declarados pasajes de adicción a la heroína, implícito en casi todos sus discos, explícito en piezas como El jardín de la duermevela, dentro de Cajas de música difícil de parar. Fue su segundo trabajo. El primero, Actos inexplicables. Luego llegaron Desaparezca aquí (con El hombre que casi conoció a Michi Panero, otro maldito, como estandarte) y El manifiesto desastre. Por el medio, decenas de caras B que serían piezas de cabecera para cualquier creador mediano.

La zona sucia llega tras dos rupturas, la profesional con su discográfica de siempre para lanzar su propio proyecto; y la sentimental con Christina Rosenvinge, con la que firmó Verano fatal. Esta relación le hizo aparecer esporádicamente en la prensa rosa. Inconcebible. La gran broma final resume aquel idilio: «Nuestro amor era tan fuerte como las Torres Gemelas».

Además de esa colaboración, experimentó con Bunbury (El tiempo de las cerezas), con el que combinó fabulosamente; y con Xel Pereda (Lucas 15), en una emocionante recuperación del folk tradicional asturiano.

Aunque no es ni la música, ni el amor, ni la droga lo que lo mueve, no. «¿Qué en qué creo? Por encima de todas las cosas, en el Sporting de Gijón».

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