Y sin embargo,alguien,hoy, todavía(por José Pablo Feinmann)

Y sin embargo, ahora, hoy, en algún lugar de este mundo, alguien nace y alguien muere en paz, rodeado por los seres que lo han querido y que le darán sepultura. En alguna sala de conciertos, Martha Argerich toca la sonata en Si menor de Liszt. Un pintor crea su mejor obra. Un médico hace un transplante que salva una vida. Dos jóvenes hacen el amor con pasión, como locos. Otros dos se juran amor eterno, aunque saben que será difícil y que no importa por qué, en ese momento, ese amor es eterno. Un hetero se baja de un auto y se agarra a las piñas con una patota que castiga a un gay. Un arquero hace un achique impecable y se queda con la pelota. Un escritor sufre con su nueva novela, pero sabe que va a ganar y que le va a salir bien, aunque después no se la publiquen, o sí, porque un editor inteligente le ve el talento y se lo reconoce. Un poeta encuentra la palabra justa, la que buscaba, la que necesitaba. Dos viejos amantes ven una película clásica, que conocen de memoria, pero que es un ritual, entre ellos, verla siempre que la dan. Un arquitecto diseña un edificio que no es una torre, que arruinará la estética de un barrio venerable, sino un lugar para que viva la gente, para que viva bien, con lo justo, lo necesario y punto. Un político no tolera el hambre del pueblo, no puede ver chicos pidiendo limosnas en las calles y promueve un plan nacional contra la pobreza (esta es difícil; pero, ¿por qué no?). Un profesor se siente pleno porque ve en las caras de sus alumnos, que están descubriendo algo nuevo, porque toman notas o porque lo miran en silencio, recibiendo su saber, que siempre será escaso, pero nunca será menos de todo el que tiene para dar. Un maestro de actores propone un ejercicio sobre Shakespeare, y la mirada de una de sus alumnas, sorprendentemente, le enciende un fuego que había olvidado o quería olvidar. Un escenógrafo diseña una escenografía genuinamente mozartiana, juguetona, osada, y llena de colores exquisitos, impecables. Un director de cine entiende que el suyo es un arte de equipo, y deja de creerse un genio que si no lo hace todo es como si no filmara, y en lugar de poner “Un film de…”, “dirección de…” hasta pone su nombre junto a todo su equipo. Una ecologista joven, que desborda certezas y ganas de vivir, defiende la salud del planeta, lucha contra la tala del Amazonas. Alguien, hoy, todavía, pide remedios para el Sida en África. Alguien, hoy, todavía, lucha por el sentido profundo de la vida, cree en Dios y le reza y da clases en una villa de emergencia, o es ateo y milita en una agrupación barrial, y habla de la democracia directa y el contrapoder, porque cree que no hay que dejarles todo a los políticos. Alguien, hoy, todavía, cree, como creía Walter Benjamín, que “solo por amor a los desesperados conservamos aún la esperanza”. Y, por fin, alguien, hoy, todavía, sabe que fue también Walter Benjamín el que le dijo a Theodor Adorno cuando éste lo urgió, en 1940, a emigrar a los EE.UU.: “Todavía hay posiciones que defender en Europa”. Todavía hay causas que defender en este mundo.

Libro: La filosofía y el barro de la historia

Autor: José Pablo Feinmann

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