Bayer y el repudio visceral(por José Pablo Feinmann)

En su libro Rebeldía y Esperanza, Osvaldo Bayer recoge las posiciones  que sostuvo en una polémica  sobre la violencia con el escritor Alvaro Abós. Y cita un texto de su antagonista.  Abós dice: “No estoy solo en mi repudio al terrorismo foquista”. Bayer escribe: “No creí ni creo en el foquismo porque soy insanablemente pacifista”. Y luego se apodera de la palabra “repudio” que utilizara Abós y concluye que sus “repudios viscerales” los reserva para los verdaderos enemigos de la humanidad. Cito a Bayer:“A los repudios viscerales los reservo para los verdaderos enemigos de la humanidad esos que hacen posible que mientras se mueren millones de niños de hambre se gastan en armas las mejores reservas de los pueblos, a esos que por fabricar artículos superfluos en pos de la egoísta ganancia personal han envenenado ecológicamente el futuro de las próximas generaciones y divido el mundo entre desarrollados y subdesarrollados . No puedo odiar a aquellos que se equivocaron y perdieron buscando nuevas sendas.” Completamente de acuerdo. No puedo tener “un repudio visceral” por Ernesto Che Guevara. Ni lo puedo tener por los Montoneros. De aquí que rechace por completo la teoría de los dos demonios. No puedo “odiar” a Lenin o a Castro.  Ante todo, porque sé que quienes los odian son canallas morales. Pero nada de eso debería impedirnos -a los que participamos de esta condición teórica y existencial- señalar que, con desdichada frecuencia, quienes se equivocan y se pierden “buscando nuevas sendas” favorecen a quienes destinamos nuestro “repudio visceral”. Aquí todo es más complejo. No alcanza con buscar “nuevas sendas”. Quiénes hicieron operativos como el asesinato de José Ignacio Rucci, el asalto a la unidad militar de Azul, a la de Monte Chingolo y luego, en enero de 1989, el ataque aLa Tablada decían y creían buscar nuevas sendas. No obstante, favorecieron a quienes destinamos nuestro “repudio visceral”. Les crearon el clima de “guerra” que esperaban para reprimir masivamente. Hay una relación de hierro entre estos ataques solitarios y soberbios y el marco justificatorio que terminan por entregarle a la represión.


Libro: La sangre derramada (Ensayo sobre la violencia política)

Autor: José Pablo Feinmann

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