East Coker – II (por T.S.Eliot)

¿Qué hacen noviembre y su final entorno

Con primavera y su feliz trastorno

Y las criaturas del calor de estío,

Las flores que destruye el paso impío

Malvarrosa que apunta a lo excesivo,

(Su color rojo muere en gris cautivo)

Rosas tardías con temprana nieve?

Entre los astros a rodar se atreve

El trueno que simula un carro armado

En la guerra de estrellas constelado

Al sol combate sin piedad Escorpión

Sol y luna se van. Por esta acción

Lloran cometas y el meteoro vuela

En fuego acabará este mundo en vela

Cazan los cielos, cazan las llanuras

Forman un remolino en las alturas

Guerra perpetua que arderá en el cielo

Hasta que cubra a este planeta el hielo.

Esto fue una manera de decirlo, no muy satisfactoria.

Un ejercicio perifrástico en un estilo poético raído

Que lo deja a uno ante la intolerable lucha

Con las palabras y los significados.

La poesía no importa.

No era (para recomenzar) lo que uno se había imaginado.

¿Cuál iba a ser el valor de lo que durante tanto

tiempo anhelamos,

La calma tan esperada, la serenidad otoñal

Y la sabiduría de la vejez?

¿Nos habían engañado

0 se engañaron a sí mismos los ancestros de voces tranquilas

Y simplemente nos legaron una receta

para el engaño?

La serenidad sólo una deliberada torpeza,

La sabiduría sólo el conocimiento de secretos

muertos

Inútiles en las tinieblas que ellos escudriñaron

0 de las que apartaron los ojos. Hay, nos parece, Cuando mucho un valor limitado

En el conocimiento que deriva de la experiencia.

El conocimiento impone una estructura

y falsifica,

Porque la estructura es nueva a cada instante

Y cada instante una nueva y estremecedora

Valoración de cuánto hemos sido.

Sólo nos desengañamos

De lo que engañándonos ya no puede hacer daño.

En medio, no sólo en medio del camino, en

todo el camino,

La selva oscura, la zarza, al borde de una ciénaga en

donde todo paso es inseguro

Y amenazados por monstruos, luces delirantes

Bajo riesgo de encantamiento. No me hablen

De la sabiduría de los ancianos sino más bien

de su locura,

Su miedo al miedo y al frenesí, su miedo

a la posesión,

A pertenecer a otro, a otros o a Dios.

La única sabiduría que podemos esperar adquirir

Es la sabiduría de la humildad:

La humildad es infinita.

Las casas yacen bajo el mar.

Los danzantes yacen bajo el montículo

Libro: Cuatro Cuartetos

Autor:  T.S. Eliot

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