Entre un montón de viejas páginas escritas por mí, encontré las que buscaba y las volví a leer. Las había escrito hacía más de doce años —¿qué edad tendría entonces?, ¿veintisiete años?—, y mi estilo era el propio de la imagen de joven anticonvencional que pretendía dar en aquellos tiempos, pero esto carecía de importancia. Cuando dejas de ser un hombre de una pieza para ser solamente un conjunto de fragmentos, cada uno de los cuales va a su aire, el acto de recordar mediante la lectura de lo que escribiste cuando tenías plena identidad (incluso en el caso de que ésta fuera ficticia), tal vez pueda volverte a unir, aunque sólo sea durante un breve período, y así ocurrió mientras leí aquellas páginas, pero tan pronto terminé de leerlas sentí las punzadas de un viejo dolor.

Libro: Los tipos duros no bailan.

Autor: Norman Mailer

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