Mario Golemba, uno de los “nadies” que desaparecen en la Argentina.(por Sergio Alvez)

Que esos cuantos no te olviden fácilmente

Cinco años sin Mario Golemba (foto). La Justicia y el Estado siguen desaparecidos. El recuerdo imborrable de su familia, y un reclamo que ciñe de luz las sombras de la impunidad, ésas que asolan la falsa democracia en Misiones.

Por Sergio Alvez (*)

“Sabes que despierto aquí/ no está lejos tu voz/
tal vez rasguñe mis propios restos/ que
van y vienen/ Miedo de olvidar
sombras de tempestad/ a través del aire”.

(Sombras, Las Pelotas).

Un rastro en la picada

Hay un solo camino para llegar a Picada Indumar. Un sendero rojizo, de tierra y piedra, que a sus costados enseña el paisaje típico de las colonias misioneras de la llamada Zona Centro: el monte interrumpido, los pinos, las plantaciones de yerba y té, algún aserradero, las chacras de los pequeños productores. Al dejar atrás la ruta, toda estampa de urbanidad se disuelve. Acá, en este camino, todavía los bueyes cansados empujan carros, y los lomos de los caballos no le hacen asco a nada. Acá se ven hombres y mujeres de sombreros y alpargatas. El aire, acá en la picada, huele a una mezcla de resina y pan casero.

Este camino escarlata, lleva la huella de uno de sus caminantes ausentes, Mario Golemba, nacido y criado en Indumar. En su suelo polvoriento, Mario aprendió a andar. Sus pasos infantes lo llevaron a la escuela 438, donde aprendió a leer y a escribir tempranamente. Una y mil veces este caminito fue testigo de su andar de polaco alegre, desgarabado, rumbo a la iglesia donde empuñaba la guitarra y cantaba. Por esta senda, Mario veía salir el sol cada día cuando iba a trabajar al aserradero, y más adelante, a la cooperativa, donde su familia comercializaba la yerba mate de cosecha propia.

El 27 de marzo de 2008, a primera hora de la mañana, Mario dejó su último rastro en la picada. La desanduvo, hacia la ruta, y después al pueblo, para ir a la terminal. Tenía que cumplir con una consulta médica, en una clínica situada sobre calle Salta, en el centro de la ciudad de Oberá. Llegó a destino, y pudo mantener la entrevista con la doctora Serra de Gross. Promediando la siesta, le envió un mensaje a su novia Angélica, avisándole que regresaría antes del anochecer. Pero no volvió.

Desde ese día, este camino no volvió a saber de sus pies. Algunos medios, y alguna autoridad policial, osaron decir que “a Mario se lo tragó la tierra”. Bien sabe, esta picada silenciosa, que la tierra, no se traga a nadie.

La oscuridad, la traición

Dos días después, el 29 de marzo, la familia de Mario radicó la denuncia en la comisaría seccional Primera de Oberá, donde el caso quedó caratulado como “desaparición de persona”. El expediente describe a Mario como a “una persona delgada, de 1,85 de estatura, tez blanca” y que llevaba “una camisa negra y jeans gastados”. En el lapso de esos primeros días, cuenta Antonio Golemba (padre de Mario) a revista superficie,“se comunicaron conmigo y ofrecieron todo el apoyo, desde el gobernador Closs, pasando por el ministro Jorge Franco, el ministro de Derechos Humanos Edmundo Soria Vieta y uno de los jefes de la policía de Misiones entonces, Víctor Ruschman”.

Un par de meses más tarde, el gobierno provincial ratificó el apoyo verbal, con un decreto firmado por el gobernador Closs – el 1480 – que proponía una recompensa de 100 mil pesos para quien pudiera aportar datos sobre el paradero de Mario Golemba. Ese decreto, que caducó en 2009 y jamás fue renovado, poseía una cláusula que en su momento, no pareció ser importante, pero que a la luz de hechos posteriores, se revelaron como una maniobra del gobierno provincial, bajo sospecha éste, de estar al tanto de lo sucedido con Mario desde un principio: se excluía de la posibilidad de aportar datos a integrantes de la policía provincial.

Por su parte, el Ministerio de Derechos Humanos de Misiones mandó a imprimir afiches con el rostro de Mario, que fueron pegados en paredes de todas las comisarías de la provincia, en algunas terminales de colectivos y otros espacios públicos.

En agosto de 2008, en el marco de la reunión evaluativa del 11º Operativo conjunto de fuerzas policiales y de seguridad de Argentina y Brasil, que se realizó en la ciudad de Pato Branco, Estado de Paraná de la República Federativa del Brasil, la Policía de Misiones, le pidió “colaboración” a las autoridades de la Policía y Brigada Militar y civil de los estados involucrados, “a fin de poder hallar el paradero de Mario Fabián Golemba”. De este modo, la versión de que Mario podría haber cruzado a Brasil, se sumaba a otras que no encontraban sustento alguno, pero que a falta de pistas, no eran descartadas, ni tampoco tenidas en cuenta por la familia como lo que, se sabría después, eran maniobras de distracción pergeñadas por la propia policía y las autoridades.

Se fue 2008 sin ninguna novedad en el caso. Hasta que en el primer trimestre de 2009, Antonio Golemba y su esposa Irma Komka, se entrevistan por separado con tres presos de la Unidad Penitenciaria de Oberá, que en la noche del 27 de marzo de 2008 estaban en calidad de detenidos en la comisaría de Dos de Mayo. Estos testigos (Ramón O.; Marcelo O. y Vas A.), coinciden en sus relatos. Aseguran y describen, haber visto y escuchado cómo esa noche, entre varios policías de esa seccional -a cargo entonces del comisario Ewaldo Katz-, ingresaron a Mario esposado, para luego darle una paliza y volver a llevárselo en un vehículo policial vaya a saber dónde.

Nos dice Antonio Golemba: “Los tres testimonios son coherentes. Uno de ellos estaba en el pasillo, los otros en la celda. Lo vieron entrar a Mario esposado, y al ver a uno de ellos, que lo conocía porque es un muchacho que vive en el barrio Macuco a pocos kilómetros de Indumar, le piden que dejen de golpearlo. Mario alcanza a decirle a uno de ellos que le saque el celular del bolsillo y que llamen a su familia. Ahí la policía se abalanza sobre el que estaba en el pasillo y lo meten adentro. Los tres escucharon luego, como golpeaban a Mario, y dicen, que luego se lo llevaron”.


Los padres de Mario y su novia Angélica, en la casa de Picada Indumar.

La madre de Mario, Irma, no puede evitar sentir escalofríos al recordar esos testimonios. “Me quedó grabada la frase de uno de los testigos, que nos contó que Mario les decía a los policía, yo no le hice mal a nadie, que es una frase, que él repetía siempre, en distintas situaciones, como un latiguillo, era una expresión muy propia de mi hijo”.

Los testimonios de estos testigos, fueron incorporados a la causa, que lleva adelante -sin ningún tipo de avance significativo en la investigación- el Juzgado de Instrucción 1 de Oberá, a cargo de la jueza Alba Kunnzman de Gauchat, quien pese a los reiterados pedidos de la defensora de la familia, la doctora Mónica Sosa, nunca ordenó la prueba fundamental: el careo entre los testigos y el personal policial actuante esa noche.

Esos relatos, reflejados por la prensa en su momento, desencadenaron una serie de episodios elocuentes. Desde entonces, ninguna autoridad provincial volvió a comunicarse con la familia, pese a las promesas de acompañar y contener “hasta el esclarecimiento del hecho”. El ministro de gobierno, y máximo responsable político de la Policía de Misiones, Jorge Franco, ordenó sin explicación mediante, el inmediato traslado a otras dependencias de todos los policías que estuvieron en la comisaría de Dos de Mayo la noche del 27 de marzo de 2008. Al comisario Katz, le tocó un destino curioso, casi un premio: pasó a encabezar la comisaría de Aristóbulo del Valle, el pueblo del gobernador Maurice Closs. Al mismo tiempo, todos los afiches con el rostro de Mario fueron desapareciendo totalmente de las comisarías y los edificios públicos dónde habían sido colocados. Con estos gestos de complicidad con la policía sospechada, el gobierno de Misiones abandonó la búsqueda y selló un pacto de silencio, apostando fuertemente a la impunidad y el olvido, ciñendo así sobre el caso, un manto inconfundible, de oscuridad y traición.


Irma, madre de Mario: “a pesar del dolor, siempre vamos a buscar la Justicia por nuestro hijo”.

Alba, la jueza de los casos impunes

En 2010, el Superior Tribunal de Justicia (STJ), compuesto en su totalidad por magistrados que son parientes directos, probados amigos o ex funcionarios del gobierno provincial -un caso único en todo el país- rechazó el pedido de juicio político a la jueza de Instrucción 1 de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat, impulsado por el abogado posadeño Jacobo Mass, y dispuso el archivo de las actuaciones. El pedido de juicio político a la jueza, derivó a partir de sus desempeños en casos emblemáticos de impunidad en Misiones. Uno de ellos, es el asesinato de Marylin Bárbaro, y el otro, la violación y asesinato de Silvia González, en Campo Viera. Estos casos tienen, además de mantenerse en la absoluta impunidad, una característica en común: en ambos pesan las sospechas de culpabilidad sobre parientes directos del poder político, los llamados “hijos del poder”.

La jueza, que desde hace cinco años tiene a su cargo el caso de Mario Golemba, recibió en varias ocasiones la visita de los padres de Mario. “¿Saben lo que nos dice la jueza? Que la justicia es lenta, que hay que tener paciencia. Hace cinco años que tiene la causa dormida, que no se investiga como corresponde, que se intenta tapar, todo, esta jueza no hizo ni está haciendo las cosas como corresponde, por eso el caso sigue impune, están protegiendo a los culpables, no hay voluntad de investigar” sostiene Antonio Golemba.

Por su parte, la abogada Mónica Sosa, relató que “la doctora Gauchat nunca se ha expedido a favor o en contra de incorporar la figura del actor civil que le hemos solicitado, hemos presentado una queja por retardo de Justicia pero recién el 16 de septiembre de 2012 pasó el primer voto del ministro Sergio Cesar Santiago y el último viernes el de Roberto Uset. Hasta que no pase por los siete ministros que componen el tribunal no sabemos si van a dar lugar a nuestra queja. Todo se dilata más de lo debido. Es vergonzoso que tengamos que recurrir a la Justicia nacional por la desaparición de un ciudadano misionero y teniendo todos los elementos necesarios para descubrir la verdad, pero no nos dejan otra opción. Los tiempos pasan y en las causas penales el tiempo juega en contra de la verdad. Mario desapareció y nosotros sabemos que tenemos elementos contundentes dentro de la causa pero lamentablemente la doctora Gauchat no nos ha otorgado el derecho de probar esos elementos”.

Todo está guardado en la memoria

Mario Fabián Golemba nació en el Hospital de Dos de Mayo, el martes 10 de febrero de 1981, un día por demás caluroso en Misiones. Su madre Irma, recuerda que “fue un embarazo sin problemas, mi segundo embarazo. Mario nació sin problemas, pero con bajo peso“. Nada podría hacer imaginar, que aquel bebé de apena 2, 700 kilogramos, llegaría en la adolescencia a medir 1,85 de altura.

“En los primeros años de vida, ni bien aprendió a balbucear, Mario fue muy charlador. Hablaba desde que se levantaba hasta que terminaba su día. En la primaria, las maestras solían advertirle para que no hablara tanto en clase. Después, en la adolescencia, adoptó una personalidad más silenciosa, más introvertida. Pero siempre se distinguió por ser bueno y tranquilo, tenía mucha paz interior, rara vez se ponía nervioso o se enojaba” cuenta Irma.

Antonio, su padre, aporta que “cuando tenía 4 o 5 años, le regalamos una guitarra de juguete, él venía con nosotros a la iglesia, y se fijaba todo el tiempo en el coro, imitaba al de la guitarra. Después, cuando creció, terminó tocando y cantando en ese mismo coro”.


Mario en cuarto grado de la escuela 438, de Picada Indumar.

Al terminar la primaria, Mario siguió sus estudios secundarios en el Bachillerato 7, de Dos de Mayo. Allí, dos años seguidos recibió la distinción de “mejor compañero”. Por esos años de adolescencia, también se irguió como presidente del Centro de Jóvenes de la Iglesia de Dios, de la cual su padre era y es pastor. “Teníamos un programa de radio juntos, los sábados, leíamos la biblia y cantábamos. Mario siempre fue muy compañero mío, de chico me ayudaba en la chacra, me acompañaba a llevar la yerba en la camioneta hasta la cooperativa. Recuerdo aquellos viajes. Durante mucho tiempo, cuando él se ausentó, no pude subirme por meses a esa camioneta”,expresa Antonio.

Además de los trabajos en la chacra, Mario empezó de muy joven a trabajar en un aserradero de la zona, y posteriormente en la Cooperativa de Yerba Mate de Picada Indumar. Con sus manos, construyó los arcos de una cancha de fútbol en la chacra, donde todos los fines de semana venían los gurices del barrio a correr tras la redonda. La cancha, todavía sigue en pie, pero nunca más hubo partidos desde que Mario desapareció. “Era defensor, y como era alto, buen cabeceador, aunque un poco patadura. Como yo, era bostero” recuerda su padre.


Antonio Golemba, en potrero que Mario construyó para jugar con sus amigos.

Otra de las huellas imborrables que Mario dejó en la chacra natal de Indumar -donde las plantaciones de yerba se mixturan con los cultivos anuales y la cría de animales, todo para la subsistencia-, es un tajamar que paleó durante meses enteros, para cría de pescados. “Eso era algo que le encantaba, la pesca. Le gustaba pescar y cocinar”dice su madre.


El tajamar que hizo Mario para poder pescar.

Don Antonio Golemba, lamenta “no poder haberle enviado a la facultad. Cuando terminó la secundaria, me dijo, papá, dame una bolsa de porotos por mes y un poco de grasa, poco dinero para alquilar una pieza y listo, quiero estudiar Historia. Él era apasionado de la Historia. Una vez, ya después que él desapareció, una compañera suya de la secundaria me contó una anécdota. Resulta ser que un profesor había preguntado dónde se había hecho el primer trasplante de corazón. Todos quedaron callados, hasta que una mano se levantó en el fondo, era Mario Golemba. Dijo: el primer trasplante de corazón en la historia se hizo en 1967, en Sudáfrica, el cirujano fue Christian Barnard. Todos quedaron sorprendidos, pero a mi no me sorprende porque Mario tenía una gran curiosidad y todo lo que leía se fijaba en su mente con exactitud. Pero cuando terminó la secundaria, estábamos en 1998, la época menemista, esa maldición, recuerdo que juntábamos toda la cosecha de tung y nos alcanzaba apenas para pagar unas boletas, porque con el uno a uno los productos de los colonos no valían nada, no podía mandar a mi hijo a estudiar y esa es una espina que siempre me va a quedar”.

Al momento de su desaparición, Mario llevaba diez meses de noviazgo y un firme compromiso de casamiento con su novia Angélica, quien nos cuenta que “teníamos hasta los souvenirs y habíamos conseguido una casa donde vivir. Mario decía que quería tener dos hijos”.


Angélica, novia de Mario: “íbamos a casarnos ese mismo año”.

Una de las anécdotas de los últimos tiempos de Mario en la chacra, sirve para comprender qué clase de ser humano era. La cuenta su padre: “Mario tenía una moto 125, que se había comprado con mucho esfuerzo. Él, siempre sufría al verme pasar Round Up para desmalezar los yerbales. Me decía que era malo para mi salud y que además terminaría arruinando el suelo. Unos meses antes de su desaparición, sin decirme nada, Mario vendió su moto, y con el dinero se fue al pueblo a comprar una motoguadaña. Cuando volvió, me dijo, ‘papi, listo, ahora nunca más vas a tener que usar veneno, yo te voy a desmalezar el yerbal con esta motoguadaña’.”


Antonio Golemba: “Mario, dónde sea que esté, siempre será nuestra luz”.

Yo siempre te sueño
que llegas corriendo
te siento presente
no importan los años

Te sueño muy guapo
también por los años
pero nunca,nunca
te imagino muerto

Te espero por siempre
a través del tiempo
anhelo apretarte
muy fuerte en mi pecho

Preguntarte cosas
de las que pasaron
y sacar de adentro
esa pesadilla
que carcome mi alma

(poema de Nancy, hermana de Mario, compartido especialmente con revista superficie)


La bicicleta y las alpargatas de Mario.

(*) cronista y coordinador de revista superficie

Publicado el 27 de marzo de 2013, a cinco años de la desaparición de Mario Fabián Golemba.

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2 respuestas a Mario Golemba, uno de los “nadies” que desaparecen en la Argentina.(por Sergio Alvez)

  1. Dee G. Hogan dijo:

    “Primero el gobierno se interesó y hasta ofreció cien mil pesos de recompensa, pero luego de que los presos detenidos en la cárcel de Oberá involucraron a la policía, la situación cambió. Todos se llamaron a silencio, nadie más lo buscó”.

  2. Anónimo dijo:

    Ni Olvido Ni perdon, justicia por MARIO

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