Conocer (por Paulo Freire)

Conocer, en la dimensión humana, que es la que aquí nos interesa, cualquiera que sea el nivel en que se dé, no es el acto a través del cual un sujeto, transformado en objeto, recibe, dócil y pasivamente, los contenidos que otro le da o le impone.
El conocimiento, por el contrario, exige una presencia curiosa del sujeto frente al mundo. Requiere su acción transformadora sobre la realidad. Demanda una búsqueda constante. Implica invención y reinvención. Reclama la reflexión crítica de cada uno sobre el acto mismo de conocer, por el cual se reconoce conociendo y, al reconocerse así, percibe el “cómo” de su conocer, y los condicionamientos a que está sometido su acto.

Conocer es tarea de sujetos, no de objetos. Y es como sujeto, y solamente en cuanto sujeto, que el hombre puede realmente conocer.

Por esto mismo es que, en el proceso de aprendizaje, sólo aprende verdaderamente aquel que se apropia de lo aprendido, transformándolo en aprehendido, con lo que puede, por eso mismo, reiventarlo; aquel que es capaz de aplicar lo aprendido-aprehendido a situaciones existenciales concretas.

Por el contrario, aquel que es “llenado” por otro de contenidos, cuya inteligencia no percibe, de contenidos que contradicen su propia forma de estar en su mundo, sin que sea desafiado, no aprende.
Para esto, es necesario que, en la situación educativa, educador y educando asuman el papel de sujetos cognoscentes, mediatizados por el objeto cognoscible que buscan conocer. El concepto de extensión no nos lleva a pensar esto.
Ésta es la razón por la cual, si alguien juntamente con otros, busca realmente conocer, lo que significa su inserción en esta dialoguicidad de los sujetos en torno del objeto cognoscible, no hace extensión, mientras que, si hace extensión, no proporciona, en verdad, las condiciones para el conocimiento, puesto que su acción no es otra que la de
extender un “conocimiento elaborado a los que aún no tienen la capacidad crítica para tenerlo. En el proceso de extensión, observado desde el punto de vista gnoseológico, lo máximo que se puede hacer es mostrar, sin revelar o descubrir, los individuos, una presencia nueva: la presencia de los contenidos extendidos.La captación de éstos, como mera presencia, no posibilita, a aquellos que los captan,que tengan, de ellos, un verdadero conocimiento. Es que, la captación de los objetos y de las cosas, es meramente darse cuenta de ellos, pero no aún, conocerlos.
Por otro lado, el hombre que no puede ser comprendido, fuera de sus relaciones con el mundo, puesto que es un “ser-en-situación”, es también un ser de trabajo y de transformación del mundo. El hombre es un ser de la “praxis”, de la acción y de la reflexión.

En estas relaciones con el mundo, a través de su acción sobre él, hombre se encuentra marcado por los resultados de su propia acción.
Actuando, transforma; transformando, crea una realidad que, a su vez,“envolviéndolo”, condiciona su forma de actuar.
No hay, por esto mismo, posibilidad de dicotomizar al hombre del mundo, pues no existe uno sin el otro.
A través de estas relaciones, donde transforma y capta la presencia de las cosas (lo que no es, aún, conocimiento verdadero) es como se constituye el dominio de la mera opinión o de la “doxa”.
Este es el campo en que los hechos, los fenómenos naturales, las cosas, son presencias captadas por los hombres, pero no desveladas en sus auténticas interrelaciones.
El dominio de la “doxa”, donde los hombres, repetimos, se dan cuenta, ingenuamente, de la presencia de las cosas, de los objetos, la percepción de esta presencia no significa el “adentramiento” en ellos, de lo que resultaría la percepción crítica de los mismos.
En este campo tampoco los objetos, los hechos, los acontecimientos, son presencias aisladas. Un hecho está siempre en relación a otro, claro u oculto. En la percepción de la presencia de un hecho, está incluida la percepción de sus relaciones con otros. Son una sola percepción. Por esto, la forma de percibir los hechos, no es diferente de la manera de relacionarlos con otros, encontrándose condicionadas por la realidad concreta, cultural, en que se encuentran los hombres.

Libro: ¿Extensión o comunicación?

Autor: Paulo Freire

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