El esfuerzo por asimilar el drama del mundo (por Henry Miller)

Yo era como un hombre sentado en un faro: debajo de mí, las olas bravías, las rocas, los arrecifes, los restos de fe flotas naufragadas. Podía dar la señal de peligro, pero era impotente para evitar la catástrofe. Respiraba peligro y catástrofe. A veces la sensación era tan fuerte, que me salía como fuego por las ventanas de la nariz. Anhelaba liberarme de todo aquello y, sin embargo, me sentía atraído irresistiblemente. Era violento y flemático a un tiempo. Era como el propio faro: seguro en medio del más turbulento mar. Debajo de mí había roca sólida, la misma plataforma de roca sobre la que se alzaban los imponentes rascacielos. Mis cimientos penetraban en la tierra profundamente y la armadura de mi cuerpo estaba hecha de acero remachado en caliente. Sobre todo, yo era un ojo, un enorme reflector que exploraba el horizonte, que giraba sin cesar, sin piedad. Ese ojo tan abierto parecía haber dejado adormecidas todas mis demás facultades; todas mis fuerzas se consumían en el esfuerzo por ver, por asimilar el drama del mundo.

Libro: Trópico de Capricornio

Autor: Henry Miller

Editorial: Edhasa.

Página: 108

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