Aquel deseo de huir de todas partes (por Luis-Ferdinand Céline)

Pero era demasiado tarde para rehacer la juventud. ¡Ya no creía en ella! En
seguida te vuelves viejo y de forma irremediable. Lo notas porque has aprendido a amar
tu desgracia, a tu pesar. Es la naturaleza, que es más fuerte que tú, y se acabó. Nos
ensaya en un género y ya no podemos salir de él. Yo había seguido la dirección de la
inquietud. Te tomas en serio tu papel y tu destino poco a poco y luego, cuando te quieres
dar cuenta, es demasiado tarde para cambiarlos. Te has vuelto inquieto y así te quedas
para siempre.

Intentaba con mucha amabilidad retenerme junto a ella, Molly, disuadirme… «Mira,
Ferdinand, ¡la vida aquí es igual que en Europa! No vamos a ser infelices juntos. -Y
tenía razón en un sentido-. Invertiremos los ahorros… compraremos un comercio…
Seremos como todo el mundo…» Lo decía para calmar mis escrúpulos. Proyectos. Yo le
daba la razón. Me daba vergüenza incluso que hiciera tantos esfuerzos por conservarme.
Yo la amaba, desde luego, pero más aún amaba mi vicio, aquel deseo de huir de todas
partes, en busca de no sé qué, por orgullo tonto seguramente, por convicción de una
especie de superioridad.

Yo no quería herirla, ella comprendía y se adelantaba a tranquilizarme. Era tan
cariñosa, que acabé confesándole la manía que me aquejaba de largarme de todos lados.
Me escucho durante días y días explayarme y explicarme hasta el hastío, debatiéndome
entre fantasmas y orgullos, y no se impacientaba: al contrario. Solo intentaba ayudarme
a vencer aquella angustia vana y boba. No comprendía muy bien adonde quería yo ir a
parar con mis divagaciones, pero me daba la razón, de todos modos, contra los
fantasmas o con los fantasmas, a mi gusto. A fuerza de dulzura persuasiva, su bondad
llego a serme familiar y casi personal. Pero me parecía que yo empezaba entonces a hacer trampa con mi dichoso destino, con mi razón de ser, como yo la llamaba, y de repente cesé de contarle todo lo que pensaba. Volví solo a mi interior, muy contento de ser aún más desgraciado que antes porque había llevado hasta mi soledad una nueva forma de angustia y algo que se parecía al sentimiento auténtico.

Libro:Viaje al fin del anoche

Autor: Louis-Ferdinand Céline

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