Ángeles caídos (por Jack Kerouac)

Por la noche, en la cama, caliente y feliz dentro del saco sobre el acogedor camastro de
madera, veía mi mesa y mi ropa a la luz de la luna y pensaba: “¡Pobre Raymond!, su día
es tan triste y con tantas inquietudes, sus impulsos son tan efímeros, ¡es tan complicado
y molesto tener que vivir!”, y luego me dormía como un corderito.
¿Somos ángeles caídos que nos negamos a creer que nada es nada y, por tanto, nacemos para perder a los que amamos y a nuestros amigos más queridos uno a uno, y después nuestra propia vida, para probarnos?… Pero volvía la fría mañana con nubes que surgían de la Garganta del Rayo como humo gigantesco, con el lago abajo siempre cerúleo y neutro, y con el vacío  espacio igual que siempre. ¡Oh, rechinantes dientes de la tierra! ¿Adónde lleva todo esto  si no es a una dulce y dorada eternidad para demostrar que todo está equivocado, para  demostrar que la propia demostración carece de sentido…?

snyder

Libro: Los Vagabundos del Dharma

Autor: Jack Kerouac

Edición Anagrama Compendium

Páginas 678 y  679

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