la dicha es fugaz (por Nacho Vegas)

Debí de tener una infancia bonita porque apenas la

recuerdo:

alguna frase adherida a la memoria, un puñado de

imágenes indelebles

sensaciones violentas, las primeras preocupaciones;

todo ello vislumbres de la edad adulta.

Aprendes que, tarde o temprano, todo termina.

El resto es un manto suave, casi invisible.

(Mi padre se olvidó de mi décimo cumpleaños.

Cuando lo recordó, me entregó un pedazo de papel que ponía “Vale por una bicicleta”.

La única bici que tuve me la compró mi madre

cuando cumplí catorce).

Pero ¿qué estaba diciendo? Ah, sí, de niño…

Se vivía el presente como si no hubiera mañana

-acaso la única manera de ilusionarse con el

mañana-

y el ayer era aún leve e insignificante como un

bicho diminuto

Hoy sin embargo.

El pasado crece en mi espalda como un enorme

tumor,

una mezcolanza de plomo y sangre coagulada.

¿Y el mañana? Potencialmente es una amenaza.

Virtualmente aterra.

La dicha absoluta es fugaz; quien la tuvo pronto la olvidó.
La infancia ha muerto: no hay posibilidad de ser feliz.

Libro: Reanudación de las hostilidades

Autor: Nacho Vegas

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